DE QUIJOTES Y MARATONES.

DE QUIJOTES Y MARATONES.

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No se me ocurre nada más “quijotesco” que correr maratones.  La idea viene retumbando en mi cabeza desde el mismo momento que pase a convertirme a la secta de la maratón.  El maratoniano  (hablo de ambos sexos aunque a partir de ahora utilice el masculino) suele ser un tipo peculiar. Sin duda nuestro querido Don Quijote también lo era. Al menos era un hombre libre. Un tipo delgado, obsesivo con “su pasión” (los libros de caballerías) y muy idealista. Cambiar los libros de caballerías por la palabra maratón. Resultan impactantes las similitudes. Porque el maratoniano “sueña donde el sueño es imposible, lucha con el enemigo imposible, corre donde los valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable, ese es su destino”.

Cuesta muy poco hacer el ejercio de imaginarse a Don Quijote como maratoniano. Voltaire decía que “él, como Don Quijote se inventaba pasiones para ejercitarse”. El corredor de maratón con el tiempo, acaba convencido de que su mejor herramienta, a la larga, es tener un profundo conocimiento de sí mismo. Esa sabiduría, que se adquiere con el paso de la experiencia, de escuchar al propio cuerpo y entender su lenguaje. Saber que “hay que poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse”

Correr maratón es una apuesta contra la impaciencia es “confiar en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” porque “los males que no tienen fuerza para acabar la vida, no han de tenerla para acabar la paciencia”. El maratoniano sabe como Don Quijote, que “tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza de poseerlo.” y que “la senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso”. El corredor de maratón  confía todo a una carta que dice que  “la diligencia es madre de la buenaventura”, ya  “que esa que llaman por ahí fortuna es una mujer borracha y antojadiza y, sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza”. Por eso se preocupa de lo que puede controlar de manera enfermiza.

Porque la maratón es una constante lucha entre la paciencia y la prisa. Una batalla de ritmos donde es fácil equivocarse y “el valor reside en el término medio entre la cobardía y la temeridad”. La maratón es una carrera cruel y “nunca vivió bien la crueldad con la valentía”. Y cuesta muy poco imaginarse en la salida de una maratón, pensando en nuestra locura. Ese empeñarse en chocar con muros de molinos, que es la ausencia de fuerza tras 30 kilómetros. Y sabemos que dolerá. Y nos ajustamos aún así nuestra armadura, para chocar con el muro por más que los “Sancho Panza” de la vida nos adviertan que son molinos. Como Don Quijote. Definitivamente no hay nada más “quijotesco” que correr maratones.

Recordad maratonianos, “LOS DESEOS SE ALIMENTAN DE ESPERANZAS”

Fdo: Don Quijote de la Mancha.
NOTA DEL AUTOR: Todos los textos entrecomillados son fragmentos del libro Don Quijote de la Mancha, espero que Don Miguel de Cervantes no me guarde mucho rencor.

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Acerca de Contadordekms

Corro por los que no pueden hacerlo,valoro cada km que estoy sano,me gusta contar km corriendo y contar historias.Proyecto broma de maratoniano.Salud y kms! TRACTOR: DURO,FIABLE Y LENTO #tractorismo
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